miércoles, 15 de febrero de 2017

Dios educa a las almas a través de las propias almas


Francisco de Asís







ASEPSIA DIVINA

Dios educa a las almas a través de las propias almas.
Ninguno de los espíritus de alta categoría  viene al mundo  para impedir el sufrimiento de la humanidad. Como el agua que tomamos hoy, sabiendo que mañana tendremos sed nuevamente, surgen como alivio, orientándonos en el sentido  de encontrarnos con la verdadera fuente, dentro de nosotros mismos. Debemos recordar  a Jesús al lado de la samaritana, en el viejo pozo de Jaco: “Dadme de esta agua que te daré una, que tomándola nunca más tendrás sed” – ¡agua de la sabiduría, de la pureza espiritual, agua de la verdad!
Bien sabemos que nuestra naturaleza es animal, que nuestros instintos son inferiores y agresivos y que la educación solamente parte de uno mismo, pues los valores del alma, después  que Dios  nos lo dio, son conquistas de nuestro propio esfuerzo de cada día. Dios y Cristo nunca nos abandonan, pero Ellos no pueden  y no deben hacer lo que a nosotros nos corresponde realizar.
Existen muchos métodos de curar, desde masticar hierbas entre los indios, a las más sofisticadas invenciones  en el reino de Hipócrates, desde los siropes de larga vida en el área iniciática, a la medicina homeopática, fundada por Samuel Hahnemann, en las concentradas gotas  de energismo curativo, desde las bendiciones  de los campesinos con ramos  específicos, a la flora medicinal, desde los masajes  de los antiguos egipcios, a las famosas agujas orientales, desde los soplos de los Padres  del Yoga, a los pases en los templos espiritas. En fin, hay un sin número de modalidades de curaciones, por todos los ángulos que podamos imaginar. Y, hoy en día,  hay muchas personas curando por la alimentación; no obstante, todas las curaciones  mencionadas y de las que no necesitamos hablar, carecen de la fuerza del pensamiento, cuya energía se convierte en aquello que quisimos transformar, por la luz del corazón.
Las enfermedades, sean las que sean, son estados anómalos  del espíritu, que las exterioriza en el cuerpo  como un hecho depurador que se le hace necesario, con el fin de equilibrarse delante de la Vida Activa  de la cual procede y en la que se encuentra.
No siempre la ausencia de enfermedad puede significar salud, instalada en el Espíritu deudor, lentamente viaja en la dirección del cuerpo donde más tarde o más temprano, se revelará, y al ser identificada por sus síntomas y por el dolor que provoca, el individuo ya era enfermo sin saberlo. No obstante, aunque  mantenga  el bienestar físico, mental y transito social armónico, podrá considerarse una persona con salud y cuando determinados comportamientos  enfermizos se le presenten,  mediante la buena dirección de la mente  podrá proseguir feliz, sin permitirse caer en el  desanimo o en los estados mórbidos que representan las enfermedades del alma.
De ese modo la salud  es el estado natural de la vida.
En lo recóndito del ser espiritual. Se encuentranpues, las matrices de las enfermedades y, ahí, por tanto, deberán ser tratadas, sin que puedan cesar  los efectos momentáneamente, postergando empero, la persecución de esos sucesos perniciosos  y destructivos.
El pensamiento es el agente catalizador  de los acontecimientos que involucran al ser humano. Si por acaso,  las acciones no encuentran el agente mental desencadenante en la actualidad, es porque permanece en el ayer sombrío del viajero espiritual.
Al ser así, es indispensable  que renovemos los pensamientos constantemente,  para mejor, creando hábitos saludables y dinamizando las actividades enriquecedoras de bendiciones, a fin de que el estado de bienestar permanezca como divisor de los diferentes estados de la actividad humana.
Muchos episodios de carencia en el área de la salud se presentan en todas las vidas, pero no debe constituir un motivo de preocupación, ya que forma parte  del desarrollo de las funciones orgánicas vitales, de las auto recuperaciones de las piezas internas de la maquina física, sin ningún perjuicio por la armonía general del cuerpo y de la mente.
El ser humano  es el resultado de todo aquello que elabora, cultiva y realiza.  La cura real es una operación profunda de transformación interior, que ocurre solamente  cuando los factores propiciadores  del mandato dañino se modifican  para mejor, dando lugar al equilibrio de sus variadas funciones en el campo de la energía.

San Francisco con el lobo blanco.:
Es preciso que la mente enferma procese los contenidos  emocionales y morales de manera adecuada, a fin de la recuperación de la salud a través de la terapia utilizada produzca la cura real, evitando las secuelas  que surgen exactamente  de la falta de composición vibratoria  de los delicados elementos  por los cuales el Espíritu interactúa en el cuerpo.
En la gran mayoría de las personas enfermas, está presente el efecto de determinada conducta vivida anteriormente, en la cual hubo renuncia de las referenciales de la vida, aunque de forma inconsciente, como resultado de acontecimientos que podrían haber sido encarados de manera menos pesimista, menos autodestructiva.
Es inevitable la sucesión de problemas, de frustraciones, de desencantos existenciales, porque la propia existencia humana es rica en manifestaciones de ese orden. Sin embargo, la actitud del individuo frente a ellas, es quien define su futuro, aun cuando cambie de conducta emocional. Por lo general, los daños ya están causados en las tramas delicadas  de los instrumentos generadores de las células, en el área de la energía que elabora las moléculas.
Se puede observar que, antes del surgimiento o instalación de diversas dolencias, el enfermo se permitió desaciertos íntimos, anhelo por abandonar  la lucha material, se sintió agotado por la sucesión de tormentos y dolores morales, permitiéndose el desanimo desgastante.
La conciencia  de la realidad espiritual del ser auxilia a esforzarse para continuar viviendo en el cuerpo, cuando le esté destinado, sabiendo, no obstante, que desencarnará, como es natural, empero haciendo uso de todos los valiosos recursos  de la propia existencia, a fin de tornarla más digna y deseable.
E3se comportamiento contribuye de manera importante para su restablecimiento, para su recuperación inmediata y su cura más tarde, aunque llegue a liberarse de la maquina física en el momento apropiado.
El médico debe cuidar de descubrir en el enfermo el ser que se encuentra bajo la imposición enfermiza, pasando a cuidar de la persona, en vez de solo dedicarse a asistir  su deficiencia y ofrecerle la terapia correspondiente. Tal conducta medica servirá también de valiosa  contribución para la auto confianza del paciente, para su identificación como criatura humana  y no solamente  como alguien que ocupa un lecho de un hospital o se encuentra sometido a la problemática del desgaste orgánico donde quiera que esté.
La complejidad del ser humano tiene raíces ben afincadas en su emocional, en la forma  como se siente cuidado, amado, respetado o por otro lado, olvidado, desconsiderado, una pesada carga sobre los hombros ajenos…
Son varias las maneras por las cuales se procesa la curación de los enfermos.  En los casos realizados por Jesús y los apóstoles,  fueron curaciones instantáneas, en las cuales, como por encanto, las enfermedades desaparecían rápidamente. Para realizar esa operación, es necesario tener  un gran conocimiento espiritual, conocer los fundamentos  de la vida del enfermo, y, a veces,  modificar algo en su mente. A fin de que el cambie su forma de actuar y pensar.  La enfermedad es la fermentación de muchas existencias vividas desordenadamente;  es la respuesta, la consecuencia. Por eso, el dolor, en ciertas circunstancias, es la propia curación. Los duros padecimientos son indicio de elevación del alma, porque ella ya comenzó a pagar los débitos  pasados, por el guante de la enfermedad.
El enfermo, al ser curado, se abre como la flor unida al tallo y sus centros de fuerza activan toda su sensibilidad, facilitándole  la absorción de los fluidos donados por el operador. En muchos casos Jesús decía: “Tu fe te ha salvado” Eso es porque ciertos enfermos  hacen el trabajo casi ellos mismos. Así tener fe, es algo muy importante en la vida. Cuando no existe fe, en la curación a distancia, de cuya operación curativa  no participa el enfermo y que a veces ignora  por encontrarse  inconsciente,  el operador se desdobla, de un modo impresionante, en todas las direcciones del saber, para encontrar la ecuación deseada, es decir, la cura. Examina, por la clarividencia, el tipo de enfermedad, sus causas y busca en el gran manantial divino elementos para sustituir  a los que ya están cansados y gastados. Observa  y activa los puntos energéticos del cuerpo y del alma, hace una transfusión inmediata  de fuerza vital,  tranquiliza la mente enferma y adapta en su más sensible departamento, ideas favorables a la curación. Pensamientos positivos, alegría de vivir y una gran paz  caen en su conciencia limpia. Hay el enfermo favorece el trabajo, como si fuese a someterse a una operación  y como si se relajase en una mesa de cirugía, por las bendiciones de la anestesia completa. Pero todo eso ocurre en minutos, dependiendo de la elevación del espíritu encargado de la curación y, en muchos casos, del tipo de enfermo. La variación es infinita. Entra en acción, como ya  se ha dicho, la ley del carma.
Divino rostro

Existen fuerzas desconocidas que se interponen a las curaciones inmediatas. El Evangelio no puede dejar de acompañarnos en  todo este trabajo. El es la fuerza de Dios que hace que la curación sea eterna,  pues traduce los principios de las leyes. Todos los desequilibrios orgánicos y psíquicos  son la no observancia de los preceptos divinos. Existen muchas otras cosas  en el campo de la curación que los hombres aun no están preparados para conocer. El tiempo, en la dinámica del progreso, revelará  esas cosas gradualmente, a todas las criaturas, en la Tierra y fuera de ella.
¿Quién puede afirmar que el verdugo no pueda sufrir las mismas agonías  que los condenados? Ellas pueden ser incluso perores. El odio, la venganza y la crueldad llenan el cáliz de la mente, que rebosa en la conciencia y el liquido corrosivo quema las fibras más intimas del alma, volviéndola  sensible  a la llamada de la víctima. El arrepentimiento corta la satisfacción externa que, por ignorancia, se esforzó en tener, y borda,  en la figura de su espíritu, el emblema de su propia  inferioridad, forma animalesca que se afina  con sus sentimientos más sensibles.
Los hombres hablamos mucho de Dios. Nos habituamos  a repetir su nombre en vano, sin todavía, creer verdaderamente  en El. Todavía al hombre le perturba  el fin de los tiempos y lo conmueve,  porque nos quedan que pasar pruebas que deberán alcanzar las fibras  de nuestro equilibrio. “Los justos vivirán por la fe” las palabras del libro santo así se expresan. Justos son todos aquellos  que incrementan  todos los días los trabajos de disciplina  intima,  que estimulan la caridad y que practican el Amor, procurando universalizar  sus sentimientos. En ese clima, la criatura  saldrá de la opresión de los acontecimientos y, aun incluso en la Tierra, respirara el ambiente del Cielo.
Quien lea y entienda el Evangelio en Espíritu y Verdad, encontrará en él a Dios y al cielo, los Ángeles y el propio paraíso, todo esperándonos, aguardando  que hagamos nuestra parte, para recibir el premio de la felicidad. No hay nada de despreciable en el amor de Dios, que espera de nosotros  la comprensión y también nos da medios para comprender.
La vida es un misterio, que solamente nos es revelado, por los procesos del Amor; cuanto más ama la gente, en el quilate del Amor que nada pide, más sabemos  de las cosas escondidas de los que desconocen esa virtud por excelencia.
Estamos llegando al final de un ciclo espiritual, donde se realizará una selección rigurosa de las almas, por la ley de justicia, si no es por el Amor, para que el Amor puro se convierta en felicidad para los hombres, que supieron vivir y amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a sí mismo.
Propaganda pura: Inevitable la comparación entre los dos Franciscos, el de Asís y el de Roma:

La curación divina  es aquella que restablece al enfermo, de cualquier enfermedad, en un abrir y cerrar de ojos; es la curación instantánea.  Toda curación divina  nace de una energía  sublimada que viene de Dios, pasando por las santas manos de nuestro Señor Jesucristo. Como está comprobado, las manos que tocan  a los enfermos de cualquier naturaleza y que curan instantáneamente, por detrás de ellas  están las del Maestro de los maestros. Solamente el sabe  transformar la luz de Dios, para restablecer la armonía  orgánica de los hombres.
Francisco de Asís fue uno de los instrumentos de Jesús, que restableció una infinidad de cuerpos de todos los tipos de enfermedad en la Tierra. Entretanto, la fuerza que afina el instrumento  humano, para servir de instrumento divino en las manos del Maestro es solamente una: EL AMOR, el más puro Amor, que busca las ondas luminosas desprendidas de Cristo de Dios, que siempre busca igualmente  sintonía para consustanciar en bendiciones  de Dios  donde quiera que sea. Nadie está huérfano de las cosas del Cielo, cuando busca el camino de Dios y Nuestro Señor Jesucristo, cuya inmensurable aura acoge el Planeta y, en Su grandeza espiritual, siente todas las necesidades  de los hombres y de las cosas, y todo su rebaño está dentro de Su faja mental.
El Evangelio es , por excelencia, un código divino. Si respetamos sus preceptos, estaremos en sintonía con la fuerza universal el Amor y seremos atendidos por esas leyes que regulan la propia vida que instruye en la Tierra.
Dios es un Dios de amor que transforma la simiente  en árbol, en fruto que alimenta  la vida, y, a veces, el pesar… Dios es Dios de Amor que cambia el nido de los pensamientos en nido de luz; que cambia las ideas en acción que nos conduce,  onos deja caer, para comprender a Jesús. Dios es Dios de Amor  que nos dio los pies, para que podamos caminar, nos ofreció las manos, para trabajar con la azada; pero si herimos al compañero, erramos el camino. Dios es Dios de amor  que nos dio la cabeza para pensar, que nos premio con el corazón  para amar; quien acepta el odio, no puede cantar. Dios es  Dios de amor que todo lo hizo, sin alardear de ello, que todo lo hace, aunque creamos que es tarde; que nunca dice: Sois cobardes. Dios es Dios de amor que nos dio el verbo y nos enseña a hablar, que nos dio la boca y nos enseña a cantar; que nos dio el corazón  y nos enseña a amar.
El Evangelio es el Pan del Cielo, enviado a las personas hambrientas de Amor y de Paz. Todos debemos amarnos, ser amigos unos de los otros, utilizando todas las energías  en conversaciones sanas, donde quiera que estemos, acordándonos siempre de la advertencia de Jesús, cuando asevera: “Vigilad y Orad”. Nunca entréis en discusiones improductivas, ellas dividen lo que debe estar unido para servir mejor que siempre procuréis estar unidos por la fuerza del deber y de la oración estimulándoros unos a otros, sin olvidar que no estamos pisando flores, sino que estamos siendo educados y gracias a Dios respiramos el clima de la fraternidad.  Todas las fuerzas que necesitamos para llevar adelante la adversidad proceden de Dios y de Cristo, por las vías del propio corazón.
La enfermedad del alma, es mucho peor que la del cuerpo.
Jesús jamás enfermo, no obstante, se ofreció en  sacrificio, sin tener ningún debito, a fin de enseñarnos la sublimación y el amor a todos los individuos, en su expresión  más elevada  que el pensamiento puede identificar. Presentándose siempre  idealista y equilibrado incluso cuando era  hostigado por las provocaciones insensatas o fustigado para los debates inútiles, muy del agrado de las personalidades enfermizas de ayer y de hoy.
La fuerza del Amor es tan grande, que todo el que posee amor puede convertirse en un sol, impregnando con sus rayos,  horizontes, donde el dolor se transforma en oración a aquel que todo lo hizo, y que nos creo por Amor.  La oración, en la educación de los sentimientos, es fuerza nueva que se transforma en alas, en impulsos con los que se vencen las distancias, como relámpagos extendidos por los espacios.  Dios tiene recursos para atendernos, cuando lo cree conveniente. Todo está cercano, cuando el Amor se manifiesta en nuestros corazones. Procuremos en todo instante  hacer de la palabra  y de la vida,  el Evangelio vivo, y despertemos a quien estuviera muerto. Después, nos encontraremos  en la paz del Señor.
Donde se implanta el Evangelio todos los días, la alegría va dominando el ambiente, haciendo olvidar todos los infortunios. Los propios enfermos  terminan  por olvidar la enfermedad, porque el amor apaga  la guerra y enciende la paz.
Procure el hombre espiritualizarse, transformando sus armas en arados útiles para el bien y la paz, el bienestar se generalizaría a su alrededor, porque la propia naturaleza hará el trabajo de limpieza y de elección.
El dolor se impone  como instrumento de reajuste y resarcimiento, en el impositivo de los procesos cármicos  y redentores, para el espíritu emancipado, cuando reencarna en misión en la Tierra, sirve de muralla protectora, ante las llamadas inferiores de la materia.
Santa Clara de Assís.

Que nunca nos falte la fe,  ella nos sustenta en los caminos que recorremos, ella nos ayuda en la labranza, donde sembramos las simientes del Evangelio, trabajo gratificante que nos alimenta y nos llena de esperanzas.  El propio Evangelio es obra de la fe. Cualquiera  de nosotros que la olvidemos, así como las obras que la complementan, estaremos andando, pero lo aremos como un muerto, porque la Buena Nueva enseña que la fe, sin obras, está muerta. Es a través de ella  que llegaremos al Reino de la Esperanza, donde aun enfermos, tendremos fe en el resarcir de la enfermedad,  a través del auto reforma.
Merchita
Trabajo extraído  del libro Francisco de Asís de Juan Nones Maia, y de “Días Gloriosos” de Divaldo Pereira Franco

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